HEREDEROS DE UNA GRAN RIQUEZA
-Cuando un arequipeño se
encuentra fuera de su ciudad, de la tierra que lo vio nacer está siempre al
asecho de bromas, las cuales, en vez de amilanarlo, lo hacen más valiente haciendo aflorar el orgullo característico de
los habitantes de la ciudad sureña.
Antony
Chunga Calcina
Los turistas extranjeros que
visitaron la ciudad blanca en el año 2016 generaron un movimiento comercial
superior a los cuarenta millones de dólares y para este año se espera el
incremento del número de turistas, tanto extranjeros como nacionales.
El antiguo y tradicional
arequipeño denominado el “loncco arequipeño”, es el heredero de una
aristocrática y mestizada cultura
colonial, que después de las primeras migraciones de los pueblos andinos
e indígenas del sur del Perú inicia un nuevo mestizaje el mismo que se
expresa más que en un criollismo españolizado y costeño, en una grandiosa andinización de Arequipa, con
el nuevo protagonista como resultado dela combinación de indígena, criollo,
mestizo y loncco asentado y empoderado
en las faldas del Misti, el nuevo arequipeño nacido en esta hermosa tierra y
protagonista de nuevas tradiciones y
costumbres de esa cultura migratoria se va
recrear con las viejas costumbres arequipeñas y la modernidad
extravagante o bien imitada que se extiende desde el Cono Norte, Cerro
Colorado, pasa por Selva Alegre, Miraflores, Mariano Melgar, Paucarpata, da la
vuelta por Characato, Socabaya, José Luis Bustamante y Rivero, Hunter,
Tiabaya, Uchumayo y
demás distritos , envolviendo al patrimonio histórico y colonial centro
de Arequipa, todos estos pueblos, construidos y gobernados por estos nuevos y
orgullosos arequipeños de hoy.
Cuando hablamos de turismo ,
podemos percibir que nuestro país solo desarrolla el pocas de las modalidades
del turismo mundial, sin embargo la gran
riqueza turística de nuestro país y en
especial Arequipa a atraído a gran
cantidad de turistas extranjeros quienes anonadados por la riqueza arquitectónica y la hermosura
campestre de la ciudad blanca, prefieren
romper la monotonía y abrir las puertas al descubrimiento de valles, cañones,
volcanes, playas, paisajes que parecen pintados, arquitectura colonial,
infraestructura moderna y una gastronomía tradicional imperdible, así como disfrutar
la vida de campo y observar que
el trabajo en la chacra continúa su ritmo y donde el Characato incesante
siembra los alimentos que
abastecerán las canastas familiares para después calmar su sed con la
chicha de jora, roja o blanca.
Los turistas que llegan a
Arequipa gastan en hoteles, operaciones turísticas, alimentos, transporte,
guías turísticas, etc lo que significa que el turismo en nuestra región es uno de los generadores más importantes de
ingresos económicos; ya que en promedio una persona puede llegar a gastar 425 soles
en solo 2 días según declaraciones de
la sub directora de turismo
interno de Promperú, Marisol Acosta.
¿Qué es lo que hace sentir
orgulloso de su tierra al arequipeño? Su tradición y carácter rebelde, haber
sido dueños y constructores de su propio destino, sin historias grandiosas de
hacendados, ni gamonales, ni colonos por lo tanto ni súbditos ni subalternos,
ellos mismos orgullosos, del Misti, de sus tradiciones, las fiestas, el yaraví
y las picanterías. Exactamente la nueva identidad arequipeña es el producto de
la conjugación de una gran tradición andino- colonial y un complejo y
auspicioso presente.
Ingresar al monasterio de
Santa Catalina, y sorprenderte al
encontrar una pequeña ciudad que bien
puede ser autónoma, te hace compartir los gestos de admiración con los más extranjeros
turistas que pudieran estar contigo reconociéndola por primera vez. Esta pequeña
ciudad dentro de Arequipa es el
Monasterio de Monjas privado de la Orden de Santa Catalina de Siena –nombre
original-que fue construido en un terreno de alrededor de 20 mil metros
cuadrados. El convento albergó a hijas
de familias distinguidas, las cuales vivían en clausura absoluta, las mujeres
que ingresaron inicialmente como monjas al Monasterio fueron criollas, mestizas
y hasta hijas de curacas.
El convento de Santa Catalina
es una pequeña ciudadela construida en
barro y sillar que ocupa 20 mil metros
cuadrados que se divide en cuatro barrios, tratando de imitar la distribución
urbana arequipeña de los últimos años de
la colonia. En su interior existe un museo que guarda una de las muestras más
importantes de arte religioso del continente, incluye una pinacoteca que
contiene obras de la escuela cuzqueña, máxima expresión de la fusión de los
sentimientos y valores de dos culturas, la incaica y la española. Fundado
en 1575, mantuvo sus puertas cerradas, hasta que un 15 de agosto de 1970 se
abrió al público y dejó ver sus
estrechos pasillos, jardines, calles y plazas, que guardan con celo un arte muy peculiar.
Los terremotos ocurridos en Arequipa, destruyeron las primeras construcciones, iniciándose la
construcción de la ciudadela, se comenzaron a hacer celdas privadas debido a
que el dormitorio común estaba dañado y era demasiado pequeño para el número
creciente de religiosas. Al realizar labores de restauración en el Monasterio,
se encontró una colección de cuadros religiosos que son 400 piezas que forman parte de la colección de pinturas
religiosas más importantes de América
Latina.
Para empezar a soñar con una gran demanda turística,
nuestra propia gente y nuestras grandes iniciativas son también parte
importante del producto; por eso me atrevo a decir, que no es solo la arquitectura de una ciudad lo que atrae al
turismo sino también su gente, lo que marca la diferencia, la amabilidad con la que los arequipeños tratamos a los foraneos es tambien parte de ello
Es un gran reto la
nueva visión de los arequipeños, orgullosos de la autodeterminación pero
comprometidos con un futuro diferente, considerando que Arequipa es una ciudad
compleja y múltiple. Uno de los ejes de
atracción más dinámicos y significativos
en el sur del Perú, es el referente del progreso, el bienestar y las múltiples
oportunidades, donde todos buscan un espacio para prosperar.
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